1) Con el 4% de la población mundial, los Estados Unidos necesitan sostener un modelo que consume casi el 30% de la energía, en un planeta con recursos cada vez más escasos. Desde esa concepción, lo que ocurra en cualquier rincón del mundo atañe a su seguridad nacional.

2) Durante la Guerra Fría, el espionaje estaba dirigido a un enemigo estatal, regular y previsible. Hoy, la excusa del terrorismo justifica un espionaje generalizado a todo momento, en todo lugar y bajo toda forma. La Agencia Nacional de Seguridad de los EE UU (NSA, por sus siglas en inglés) llega a interceptar 1700 millones de correos electrónicos diarios. Hoy, un espía desertor es más peligroso para ellos que un misil o un terrorista.

3) Europa, nuevo patio trasero. España, Francia, Italia y Portugal obedecen la orden ilegal de los Estados Unidos de impedir el paso de un avión presidencial, luego de haber sido ellos mismos, sus embajadas y sus reuniones, los espiados por el Imperio. Doblemente lacayos.

4) En 2008, Evo había pedido la expulsión del embajador de los EE UU, que era quien coordinaba el golpe de Estado iniciado en las provincias de la media luna más rica de Bolivia. Semanas atrás, echó del país a US Aid, una organización que bajo el ropaje de la ayuda humanitaria financia operaciones de inteligencia y desestabilización en nuestros países. En varios de nuestros países, se invirtió la apropiación de la renta de los recursos estratégicos: pasó de las grandes empresas al Estado, para su redistribución social. La reciente violación a la soberanía boliviana es un escarmiento, que sirve también para amedrentar futuras decisiones autónomas.

5) Contraofensiva del Imperio. La desestabilización en Venezuela, Colombia en la OTAN, el fallido intento de las derechas de capitalizar las movilizaciones en Bolivia y luego en Brasil, el grotesco mediático en la Argentina, configuran una estrategia de desgaste de los gobiernos progresistas de la región. Esto, presidido por la formación de la Alianza del Pacífico y la presión sobre Paraguay y Uruguay para que debiliten el Mercosur. Sin olvidar la continuidad de las bases militares.

6) De estas situaciones sólo se sale para adelante. No sólo consolidando la imprescindible unidad política frente a las crisis, sino también avanzando en las instituciones autónomas de Unasur. La unidad hay que financiarla. Y para ello se necesita el Banco del Sur, la moneda regional de intercambio, la repatriación de reservas internacionales, el Banco de Desarrollo regional. Hay que implementar, desde los países de mayores dimensiones y recursos, políticas activas hacia los pueblos que se encuentran más presionados. Y dar, también a escala regional, la batalla contra una de las acechanzas desestabilizadoras más peligrosas, la comunicación hegemónica que sigue teniendo un enorme poder para formar el sentido de una parte importante de nuestras sociedades.


Publicado en Tiempo Argentino, 7/7/2013
Enlace: http://tiempo.infonews.com/2013/07/07/editorial-105119-manual-del-colonialismo-posmoderno.php