Nunca columnistas y políticos profesionales –en este caso opositores– han abogado tanto por un clima de diálogo y tolerancia, en contra de los enfrentamientos estériles y de una supuesta "crispación social". Y nunca han prostituido tanto la idea con su propia palabra. Dicen aberraciones sin límite profesional o ético alguno, y encima se quejan de falta de libertad de expresión, y de que el gobierno los amedrenta. Sin embargo, tomemos en cuenta lo que estas mismas personas han dicho o escrito entre marzo a mayo últimos. Por razones de extensión, las fechas que den certeza de lo trascripto pueden ser corroboradas en consulta a las páginas de los medios o a quien suscribe.


Columnas de Joaquín Morales Solá, Carlos Pagni, Tomás Linn, Federico Sturzenegger y Marcos Aguinis en el diario La Nación:

"Guerra a sangre y fuego contra la Corte", "bestia negra", "golpe a la Justicia", "criaturas de su propia hechura", "ojo por ojo, el combate es a matar o morir hasta que todos terminen muertos", "ausencia de la República", "Una dirigencia en pánico", "terror", "la teocracia y la guillotina cristinistas", "el gobierno quiere dejarlos extenuados, con la lengua afuera", "se abolió la competencia", "La libertad de expresión está amenazada…", "viola la Constitución", "dictadura de la mayoría", "Macri sufre un acoso constante", "incitación a la violencia y apología al odio nacional", "Celebraciones con milicias populares", "discurso invertebrado", "convoca al temor", "persecución", "atemorizar con violencias", "delación", "perversión", "milicias de La Cámpora", "miedo", "proyectos vengativos", "desesperación de un cristinismo exhausto", "juguete de su furia", "persistencia del delito y la chapucería", "manotazos de desesperación", "brutal ataque", "sus cabezas podrían ser cortadas", "pataletas presidenciales", "Las decisiones de Cristina están dominadas por sus humores", "Hay grave crisis política e institucional", "Un país partido al medio", "refuerzo a la impunidad", "falsedad de argumentos", "a su antojo", "la viuda", "ansiedad por controlar los poderes", "Una guerra en la que el Gobierno se juega todo", "amordazar a una compañía, eliminar a un medio de comunicación, reducir la democratización de la Justicia a una simple martingala", "el consenso electoral, el principio de la mayoría, es importante, pero no fundamental", "El nuevo cepo", "reto escalofriante para la Corte", "república fraudulenta", "el corrupto gobierno de Cristina está regresando a la ruina", "confiscación de YPF", "pacto mafioso", "fechorías del vicepresidente", inmoralidad del kirchnerismo que "pesa la plata", "roba pero no hace", la Cámpora ha "capturado al Estado argentino, colapsado la economía e institucionalizado el autoritarismo", "una Presidenta paralizada", "valijas de Olivos", "avión recaudador", "falta de compromiso democrático de la Presidenta", "gobierno al margen de la Constitución", "figuras despóticas", "mandamás", "acabar con los ingredientes democráticos", "la libertad de prensa tambalea", "se acorralan las instituciones", "El problema está en la gente…", "cada vez menos gente valora la democracia…", "veneno, ponzoña", "yunta presidencial", "fuerzas paramilitares", "odia, atemoriza, humilla, despoja, somete", "a guadañazos", "subsidios de la mendicidad", "juventudes hitlerianas".

Pasemos ahora al discurso de los políticos que han resignado su rol de formadores de conceptos, para hacer mero seguidismo del clima que crean estos grandes medios hegemónicos. Veamos lo dicho durante las sesiones en que se trató el memorando con Irán, la reforma del poder judicial y la exteriorización de capitales. Su veracidad, así como sus autores y autoras, puede ser comprobada en las respectivas versiones taquigráficas.

"Violar", "trampear", "tratado escandaloso que nos alía con un asesino", "asco", "claudicación moral", "amoralidad", "banda de ladrones dentro de la Casa Rosada", "Estado proxeneta", "cómplices", varias veces "acusamos", diez veces "tiene que haber algo detrás", que el gobierno no dice. "Violaciones", "intromisiones", "ilegalidad", "falsedad", "estar horrorizado", "¡mienten!", "¡no nos engañen!", "¡Corrupción!", "¡Chantada!", "¡Falaces e ignorantes!" "Memorándum de sometimiento", "arreglo nefasto", "vil", "atropello", "crueldad malévola", "tramposos", "mentirosos", "falsos", "temerarios", "descarados", "arbitrarios", "encubridores", "mafiosos", "atropellos", "da vergüenza…", "descabezar al poder judicial", "no vamos a permitir que nos avasallen", "nos van a dar alguna otra sorpresita…", "segundas intenciones", "cómo se puede tener tanta mala fe", "no nos vengan a hacer creer…", "parece una cargada…", "lo que están haciendo es crear un monstruo…", "cuando los veamos tras las rejas…". "Coimeros", "voracidad por hacer caja para comprar voluntades" o "para el kirchnerismo el evasor es el ciudadano modelo". Se habló de drogas, trata de personas, falsificación, corrupción, comercio de armas y lavado de dinero. "Habrá champagne en las cuevas financieras, placer en los delincuentes y desempleo en los hogares", "irracional", "claudicante", "sueño hitleriano de imprimir billetes verdes de segunda calidad, patacones verdes", "ruinoso", "puerta de entrada a los narcotraficantes", "ejercicio de hipocresía y cinismo", "encubrimiento de la corrupción", "inmoralidad". "La mayor desconfianza mundial de la historia", "¡Todas mentiras!", "guardan el dinero en bóvedas", "estamos premiando a los delincuentes", "gobierno encubridor de malandras", "se le podría encargar al vicepresidente ir a hablar con la mafia rusa, con la mafia siciliana o la camorra en Nápoles, o a Colombia a hablar con los narcos", "vergüenza", "corrupción", "lavado de dinero", "privilegia a los delincuentes", "enorme falsedad", "mafiocracia", "macrocorrupción", "farsa", "estafa" o "hay que ser cara rota para jugar este rol de impostor", "esta es la ley de la coima cash", "pingüi-burguesía" en defensa de la "Cosa Nostra", "Inmoralidad política", "increíble burla", "se trata de un paraíso fiscal sui generis", "de la peor calaña", "se legitima el saqueo del Estado", "la palabra psicotizante de la Señora Presidenta", "destrucción", "ahogo" y "asfixia", "impunidad de los corruptos", "esquilman a los trabajadores", "el colmo de destruir a los opositores, sus vidas y sus bienes, sometiendo a la población con bandas de maleantes", "saqueo al pueblo, blanqueo a los chorros", "la versión criolla de la nueva Gestapo, ese grupo parapolicial de jóvenes para perseguir a los comerciantes". O hablar de "ajuste", apenas unas horas después de que la presidenta inyectara al mercado interno 41 milmillones de pesos al aumentar, entre otras medidas, las asignaciones familiares.

En definitiva, la presidenta puede gustarle a alguien mucho, más o menos, poco o nada. Pero todos, los unos y los otros, pueden comprobar que cuando dice que su gobierno va a construir casas, construye casas. Cuando propone fortalecer al Estado lo hace, y cumple su palabra cuando actúa en favor de la unidad latinoamericana. Es decir, su palabra juega un rol instituyente. Mal que les pese a los defensores retóricos de la calidad institucional, la palabra de la presidenta actúa aquí como una verdadera institución.

Contrariamente a esto, cuando cierta prensa denuncia que se amordaza la palabra, al mismo tiempo que agravia de todos los modos posibles, o cuando cierta oposición exhorta al diálogo y al consenso a través de palabras que no hacen otra cosa que inspirar violencia y enfrentamiento, lo que hacen es darles a sus palabras un rol destituyente. Destruyen la institución de la palabra –y con ella, la de los valores que enuncian– en lugar de prestigiarla.

Cuando en Cómo hacer cosas con palabras, John Austin habla de "palabras performativas", se refiere a los juramentos, las apuestas, la redacción de un testamento. Pero también vale su comentario para las sentencias políticas. El filósofo británico desnuda la diferencia entre aquellas palabras que se usan para hacer meros enunciados, de aquellas a las que llama "performativas", porque hacen, ejecutan, producen realidades nuevas. Parafraseándolo, podría decirse que mientras la oposición más se aferra a las primeras –a las que manipula y utiliza en su registro falso–, nuestra presidenta más se obstina en hacer cosas con las segundas.

Publicado en Tiempo Argentino, 02/07/2013

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