LA DIMENSIÓN ÉTICA
Carlos Raimundi
"Las creencias son las que realmente mueven a una sociedad” Ortega y Gasset

 

La última fantasía paranoica norteamericana es la de un individuo que vive en un idílico pueblo californiano, un paraíso del consumo, y de pronto comienza a sospechar que el mundo en el que vive es una farsa, un espectáculo montado para convencerlo de que vive en la realidad, un show en el que todos a su alrededor son actores y extras. El ejemplo más reciente de esto es The Truman Show, de Peter Weir, en la que Jim Carrey encarna al empleado local que gradualmente descubre la verdad: que él es el héroe de un show televisivo transmitido las 24 horas, y que su pueblo es, en rigor, un gigantesco set de filmación por el que las cámaras lo siguen sin interrupción. Entre sus predecesores, vale la pena mencionar la novela Time Out of Joint (1959) de Philip K. Dick, en la que el héroe vive en un idílico pueblo californiano a fines de los 50, y gradualmente descubre que toda la ciudad es una farsa montada para mantenerlo satisfecho… En ambos casos, el mensaje es elocuente: el paraíso del consumo capitalista es, en su hiperrealidad, irreal, insustancial, privado de toda inercia material.

Ya nada será igual
por Beatriz Sarlo

Menem fue preso. Chacho Alvarez se desvaneció: dos protagonistas de los últimos diez años no están en juego. Menem construyó un poder para imponer cambios cuya profundidad resultó tan inesperada como irreversible. Alvarez prometió nuevas formas de “hacer política” para lograr cambios que no invirtieran sino que (corrigiéndola) partieran de la línea que trazaron los producidos por Menem. Alvarez dejó el peronismo y rompió con una nitidez nunca vista con los mitos del movimiento; nadie, antes que él, se fue del peronismo denunciando que ese partido ya no tenía ni en su tradición ni en su presente elementos que le permitieran renovar su histórico programa de ampliación de derechos, y que también carecía de la vocación republicana que le permitiera encabezar una renovación institucional y cultural de la política. Menem transformó al peronismo en el pivote de una alianza electoral que ese partido no había conocido antes; forzó caudillos, reemplazó direcciones y armó nuevas pactos en las provincias y en el aparato partidario. Ambos se sintieron llamados a dirigir una renovación. Hoy, después de doce años, Menem trata de volver a un lugar que no acepta haber perdido; y Alvarez se retiró de todos los espacios que había ganado, incluso del frágil instrumento político que inventó en los noventa.

V. La Argentina como formación política

Lejos de agotar todas las connotaciones que reúne el proceso de nuestra formación política, intentaré desarrollar, en este capítulo, dos ideas fundamentales. En la primera parte, compararé brevemente el proceso de gestación de las sociedades hispanoamericanas con el proceso de origen anglosajón, para arribar a la conclusión de que la América hispana se estructura alrededor de una relación Estado fuerte-sociedad civil débil, a diferencia de la sociedad norteamericana, que contó con un componente de mucho mayor fortaleza en su sociedad civil, promoviendo un desarrollo institucional de mayor calidad y, por lo tanto, una más eficiente organización del Estado.
Anticipándome a toda suspicacia, siento orgullo, y no pesar, porque hayamos repelido las invasiones inglesas. Lo que sí me enoja es que no hayamos sido capaces, como argentinos, de superar los aspectos más negativos heredados de la etapa colonial, que continúan demorando nuestras posibilidades de conformar una sociedad con instituciones fuertes, apego a la ley y capacidad de delinear grandes políticas de Estado.

Tsé Kung preguntó acerca del gobierno. El Maestro dijo: los requisitos del gobierno son tres: que haya suficientes alimentos, suficientes pertrechos militares y confianza del pueblo en su soberano. Tsé Kung dijo: ¿y si hubiera de prescindirse de dos de ellos? El Maestro contestó: que sean los pertrechos militares y el alimento. Porque desde antiguo la muerte ha sido la suerte de todos los hombres; pero si el pueblo no tiene fe en los que lo rigen, entonces, no hay modo de que se sostenga el Estado”. Confucio