En 1989, Francis Fukuyama, un profesor estadounidense incorporado a la Secretaría de Estado, a instancias de la Rand Corporation y el Council of Foreign Relations, publicó un artículo que tuvo audiencia universal, “El fin de la historia”, donde sostenía que la democracia y el mercado constituirían un nuevo consenso de legitimidad, y, en consecuencia, ni Marx ni los modelos totalitarios del siglo XX podrían impedir ni superar ese proceso. No obstante, la realidad no pudo detener la irreprimible marcha de la historia hacia nuevas y poderosas contradicciones, y la gloria de la tesis de Fukuyama resultó efímera.

ÍNDICE 

  1. La comunidad como tensión —y síntesis— entre seguridad y libertad
  2. Libertad: de jure y en los hechos
  3. La secesión de los triunfadores
  4. El gueto como referencia. Los globales y la seguridad
  5. La fractura cultural
  6. La “izquierda cultural” estadounidense
  7. Las comunidades virtuales
  8. La fluidez de las relaciones
  9. Comunidades artísticas y étnicas
  10. La batalla por la identidad
  11. El Estado-nación: entre la verdad y la ficción
  12. La cooptación cultural de la política y el Estado
  13. Ya no necesitan máscaras
  14. Esplendor y muerte del seguro social universal
  15. Ejércitos privados
  16. Espacio para el discernimiento
  17. El camino de la “integración”

 

EL LEGADO DEL SIGLO XX

En este trabajo me limito a relacionar entre sí los puntos salientes de algunas lecturas que creo nos ayudarían a comprender el sentido profundo de nuestro curso general de este año en el Instituto Hannah Arendt, titulado “Tiempo, dominio y libertad”.

A menudo, hablar ligeramente del Medio Oriente o del mundo islámico, constituye, en primer lugar, una generalización inapropiada. Y en segundo lugar, referirse a una visión muy particular de Oriente, creada y sesgada por la lente y los prejuicios de Occidente.

Desde esa construcción, el Islam es visto como una doctrina del atraso, una religión de la guerra, cuya premisa es amenazar a Occidente. Sin embargo, en la Alta Edad Media, los califatos de Córdoba y Bagdad eran considerados por una Europa silenciada culturalmente por el oscurantismo clerical, como centros de pensamiento intelectual y científico. Durante los primeros siglos del Islam (siglos VII al XII), el mundo musulmán fue más dinámico que las sociedades cristianas. Mientras en Europa se explicaban los fenómenos naturales por la presencia divina o satánica y la Iglesia repudiaba el valor científico de la medicina, Razhes, muerto en 925, avanzó en la aplicación medicinal de la química creando los primeros remedios mediante el procesamiento de sustancias naturales, y en Isfabán, Avicena –llamado “el príncipe de los médicos, trataba sobre enfermedades como el sarampión y la viruela. Averroes, además de médico, y de sus conocimientos en matemática, física y astronomía, teología y derecho, es autor de un profundo comentario sobre Aristóteles. Y en álgebra, los musulmanes inventan el “cero” en el año 873, introduciendo una contribución fundamental a la matemática que conocemos.

1. Planteo general

El objetivo de este trabajo es intentar encontrar una racionalidad al proceso de los fondos-buitre, dado que, por momentos, éste parece reducirse a un combate contra una gran locura. A mi juicio, en cambio, se trata de un combate de una racionalidad contra otra. Una disputa entre dos modelos de gobernanza mundial en la cual, por diversas razones, le toca a la Argentina un rol principal. Una disputa sobre los parámetros que van a orientar al mundo, partiendo de un marco de condiciones generales, una de excedencia, las otras dos, de escasez.

Somos contemporáneos de un proceso histórico que culmina con el paradigma que dominó el pensamiento y la acción política de Occidente a partir de la Paz de Westfalia, poniendo en crisis la idea del Estado plenamente soberano tal cual lo conocimos.

Dice Zygmunt Bauman acerca del Estado-nación, que “la idea de `identidad nacional` ni se gesta ni se incuba en la experiencia humana de forma natural, ni emerge de la experiencia como un `hecho vital` evidente por sí mismo. La `naturalidad` de suponer que la pertenencia de nacimiento significaba, automática e inequívocamente, pertenecer a la nación, fue una convención meticulosamente construida”1, y esa apariencia de naturalidad podía ser cualquier cosa, menos natural. En el mismo sentido, la filósofa y politóloga de la Universidad Nacional de Colombia, Diana María Rojas, sostiene que ´lo internacional´ no ha existido desde siempre, y por lo tanto, tampoco, para siempre.